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Asociación Argentina Clase Grumete

Se fue el "Aleluya"

Memorias grumetistas

 

 



Aviso aparecido en “Yachting Argentino” en el año 1957

 

Hace rato que quería echar una parrafada sobre este tema. El caso es que el “Aleluya” se fue allende la Cordillera. No como otros “célebres”, que los tuvimos cruzando el charco, o sea el “Grumete” y el “Gaviotín”. Este en particular y como guapo barquito fue siempre más allá, o sea, cruzó los Andes.

 

Y van estas líneas como humilde homenaje al barco, recordando de paso a quienes lo hicieron famoso y haciendo un poquito de historia acerca de su construcción…

El “Aleluya” fue construido en el año 1953, por dos conspicuos personajes de la ribera, y que se llamaban Esteban Vera y Alfredo Sampayo.

 

La crónica refiere que fue armado en la costa de San Isidro, en un precario tinglado, lindante con las instalaciones del Club Náutico Buchardo. Al decir de algunos, de construcción no demasiado fina.

 

Además, a estos dos señores los corrieron de la base original, que era el mismo Puerto de Olivos, y fueron a parar ellos con sus huesos, y el “Aleluya” con sus cuadernas y varetas al desnudo, al galponcito de San Isidro.

 

La verdad es que no sé si a Vera y compañía se lo encargó quien sería su dueño original, el Dr. Ernesto Leiro, o ellos lo armaron, y luego lo vendieron al primero que pasara.

 

El susodicho Leiro lo tuvo en sus primeros años, con amarra en el C.U.B.A. (en la vieja sede de San Isidro) navegándolo y disputando regatas en los primeros años.

 

La crónica y los datos obtenidos, nos llevan a un aviso de una conocida revista náutica, al decir de algunos memoriosos. Allí pasa a pertenecer a un señor Giles, del Náutico San Isidro.

 

Promedia la década del cincuenta. La Clase está abandonando la primera época “temprana”, y los Festivales del Yacht Club Olivos, Club Náutico Olivos, Club Náutico San Isidro, Club Universitario de Buenos Aires, Yacht Club Argentino, entre otros, y sigo nombrando Club Náutico Sudeste, Club Náutico Buchardo y Tigre Sailing Club (si de alguno me olvido ruego mil disculpas). Y digo: estos Festivales nos muestran que los grandes de aquella época hacían tabla rasa

 

El Aleluya en 1980

Año 1980. “Aleluya” con su mástil de madera y flamantes velas Hood.

 

Barcos como el “Grumete”, “Grulla”, “Escorpión”, los del Náutico: “Viraró” “Peteribí”, “Lapacho”, “Curupay” “Urunday”, “Ventolero”, el flamante “Arlequín”, “Le Cristine”. Y timoneles de la talla de Carlos Colombo, Guillermo Ferro, Eduardo Gómez, Raúl Turienzo Alsina, los Sieburger, Salas Chavez, los Schenone, los hermanos Vilar Castex, Pascual Mazzeo, y la dupla Carlos y José Keller Sarmiento.

 

Todos ellos estaban allí, en ese reducto de la historia de nuestros barcos. Allí es cuando se agiganta la figura del “Aleluya”, timoneado por algunos representantes del C.N.S.I. y del C.N.O.

 

Estos últimos se disputaban la caña del “Grumete”, cuyo dueño virtual era el célebre contramaestre del Club, don Vicente Allemany

 

En realidad el barco había sido donado por Justo del Carril a la Institución, siendo las velas “para correr” de propiedad de Don Vicente… pero esa es otra historia…

 

Volvamos al “Aleluya”: el caso es que de la mano de los Keller y otros, descubren que sorprendentemente el barco es un “cohete”, y enfrenta con éxito y guapeza el prestigio del “Grumete”.

 

La fama del “Aleluya” comienza a forjarse.

 

Siempre bien mantenido, pasa al Tigre Sailing Club, ya con otros dueños: Stewart Harris y Jorge González, y con amarra en el Club Universitario en Núñez.

 

Se gana cuanta regata intervenga. ¿Rioplatenses…? Un montón, ¿campeonatos argentinos…? También. Viene la etapa de timoneles como el “Negro” Turienzo Alsina, Héctor Domato, José “Pepe” García Rey, Pedro Sisti (cuándo no...) y el mencionado González.

 

Me viene a la memoria los fenomenales campeonatos del CUBA, por caso “Premio Puerto de Núñez”, en donde el Club invitaba a tripulaciones del interior y los clubes como el YCA y el CNSI (y también el YPF) prestaban sus “Grumetes” de la dotación.

 

A. Pekelharing y C.Keller Sarmiento

Esta es una foto tomada desde la cabina del “Aleluya” en la década del cincuenta.
A. Pekelharing y C. Keller Sarmiento

 

También aparecían por ahí, los “Grumetes“ del T.S.C., ahora con nuevo nombre “Emerald” y “Onyx”, y los siempre competitivos del Club Náutico San Isidro.

Ciertamente a mediados de los sesenta el “Aleluya” con Jorge González y tripulación, empieza a ganar un campeonato tras otro.

 

Me acuerdo de los célebres Rioplatenses corridos con más de treinta y cinco barcos y tripulaciones del interior de nuestro país: Córdoba, Mar del Plata, Bahía Blanca, San Pedro y de la vecina orilla, nuestros hermanos uruguayos.

 

Con viento era casi insuperable, y tenía un mástil original, con drizas internas y relinga embutida, que le daba réditos en todas las condiciones.

 

Cuando perteneció a Jorge González, se trajeron un juego de velas importadas de Hood. No se podía creer…

 

Pasan los años y lo compra la familia Lavalle, y por diferentes razones, el “Aleluya” se mantiene inactivo, con el mástil en eterna reparación en la carpintería del C.U.B.A., solitario en una amarra alejada de la Bahía de Núñez.

 

Así es que en 1978 hubo dos* que se decidieron a comprarlo. El “Aleluya” como dijimos estaba en la amarra, con agua en su sentina y en estado bastante descuidado.

 

Siempre recuerdo el día que jugaba Holanda con Argentina en el Mundial de 1978, la única velita que estaba en las inmediaciones de Núñez era la del “Aleluya”, surcando las aguas en una tarde desapacible y helada.

 

De lejos se escuchaba el estruendo incesante de la muchedumbre en el Monumental….

 

Pasaron veintidós años y como “nada es para siempre”, el “Aleluya” cambia de manos y vuelve a pertenecer a José Lavalle y Gerardo Dellatorre ( el primero hijo de uno de las anteriores dueños).

 

En el 2000 gana el Campeonato Argentino y después de un lustro, y con algunos achaques pasa a pertenecer a otro propietario. Aquí me detengo… esto es historia actual. Dicen que para que la historia sea bien contada hay que dejar transcurrir al menos una generación.

 

En fin, quería escribir estas sencillas líneas sobre este guapísimo “Grumete” y con ello recordar a todos aquellos que hemos tenido el placer de navegarlo.

 

Y me dejo de aburrirlos con humedades sentimentales.

 

Juan Carlos García

 

 

* Esos dos eran, o somos, mi hermano Héctor y el infrascripto.

 

 


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